Venezuela: estulticia y estupor en enero
Este año los reyes magos nos han traído nuevas noticias catastróficas que nos recuerdan nuestra condición de esclavos espectadores del mal: Los putos estadounidenses (que no “americanos”, puesto que su inhumanidad no merece el nombre del continente entero) nos obligan a amanecer con imágenes de su maquinaria de guerra azotando Venezuela. Maduro es secuestrado y llevado a EEUU bajo dudosos pretextos para ser “juzgado” junto a su mujer.
Pero ya habréis leído suficientes análisis políticos de la situación. Como todo el mundo, vivís pegados a algún rectángulo de relación de aspecto panorámico que os alimenta forzosamente mediante una metafórica sonda gasogástrica directa a la corteza límbica con noticias depuradas y previamente digeridas, de modo que poco o nada os puedo contar ya de los sucesos acaecidos nada más empezar el año. Yo vengo a poner el foco sobre la estupidez humana, que si fuera cuantificable en kilojulios rivalizaría con los rayos gamma.
Nada más conocerse la noticia de que el dictador (sic.) había caído, miles de venezolanos acomodados en Madrid salían a la calle a mostrar su felicidad “¡Por fin va a llegar la democracia!”, “¡Libertad, libertad!”, repiten todos como papagayos. Por increíble que parezca, a día de hoy todavía existe gente que cree que EEUU es la policía pacificadora bienintencionada del mundo, que ha venido a liberar al pobre tercer mundo de sus cadenas. Pronto han olvidado (o querido olvidar) las operaciones del plan Cóndor, las desestabilizaciones en Chile o Argentina, o el caos generado en Libia. Todo en nombre de la paz, la democracia y la libertad.
Así las cosas, resultó extremadamente cómico cuando Donaltrón mandó a la oposición a fregar, deslegitimándola completamente y haciéndolos callar como si fueran niños de teta. Que no, que no, que Venezuela la dirigen los gringos mismos, dijo el pedófilo de la Casa Blanca. “¡Dejadme hacer a mí, panchitos, que no tenéis ni idea!”. Con todo, se trata de un orden de cosas muy difícil de gestionar mentalmente por una oposición que lleva años lamiendo culo yanki, para darse cuenta al final de que lo único que han conseguido es tener la boca llena de pelos. Enhorabuena.
De aquí en adelante la estrategia parece ser la siguiente: ya que el PSUV cuenta con el apoyo del ejército y de al menos la mitad de la población (en teoría) mientras que la oposición solo cuenta con el respaldo de cipayos y exiliados que viven en el barrio de Salamanca en Madrid, lo más conveniente será convertir a la idiota de Delcy Rodríguez en la gestora colonial del otrora país independiente mientras el tío Sam se llena los bolsillos de recursos naturales robados. De este modo, el chavismo consigue permanecer en el poder y mantener sus redes clientelares (veremos a ver qué piruetas dialecticas se inventan para justificar el recién estrenado vasallaje) y Satán consigue depredar el país y administrar todo su petroleo. Un win-win para el mal.
Mientras tanto, esos venezolanos que celebraban la caída de Maduro ahora se estarán mirando los unos a los otros sin saber muy bien qué hacer. ¡El dictador ha caído, larga vida al dictador! Mi enhorabuena a todos aquellos quintacolumnistas desgraciados hijos-de-puta que pedían una invasión yanki a su propio país. Ya la tienen. ¿Ahora qué? Vais a seguir siendo igual de pobres, el mismo partido va a seguir en el poder, y para colmo no vais ni a oler el petróleo. Felicidades, seguid así. Confío en que algún día conseguiréis sumar dos y dos para poder distinguir qué tienen en común todos los países al sur de EEUU y por qué ninguno de ellos levanta cabeza.
Por otra parte, un abrazo y mis mejores deseos para los venezolanos de bien que tienen que sufrir día a día las condiciones del país y los vaivenes geopolíticos de líderes dementes.